Mi hija volvió del campamento con el pelo mojado, una manta que no era nuestra y un miedo
Beatriz suavizó la voz.
—Renata, cariño. Solo diles que fue una caída.
Mi hija dio un paso atrás.
—Mamá…
Me acerqué despacio.
—¿Puedo abrazarte?
Asintió.
La abracé con todas mis fuerzas.
Entonces Beatriz dijo:
—Acuérdate de lo que acordamos.
El policía giró bruscamente.
—¿Qué acordasteis?
Renata escondió la cara en mi pecho y susurró:
—Que Daniela nunca estuvo allí.
Todo el pasillo quedó en silencio.
La coordinadora se dejó caer en una silla.
Beatriz intentó marcharse, pero los agentes le cortaron el paso.
Renata levantó la vista, temblando.
—Mamá…
—¿Qué pasa, cariño?
—Daniela sigue en la casa.
—¿En qué casa? —preguntó el policía.
Mi hija miró fijamente a la directora.
—En la habitación sin ventanas.