Historias

Más tarde me enteré de que mi marido, Miguel Cárdenas

Intenté hablar, pero apenas conseguí mover los labios.

—¿Quién… es usted?

El hombre me sujetó con cuidado para evitar mover mis costillas.

—Ahora no puedes hablar. Lo primero es sacaros de aquí.

Se llevó la mano al auricular.

—Tenemos pulso en ambos. Necesitamos evacuar inmediatamente.

En cuestión de minutos me izaron hasta el helicóptero. Apenas era consciente de lo que ocurría. Lo último que recuerdo antes de perder el conocimiento fue la mano de aquel hombre sujetando la mía.

Cuando desperté, todo era blanco.

El sonido constante de los monitores me confirmó que estaba en un hospital.

Lo primero que hice fue llevarme la mano al vientre.

Una médica se acercó enseguida.

—Tranquila. Su hijo está vivo. Ha sido un parto prematuro de urgencia, pero ha salido adelante. Permanecerá unos días en la unidad neonatal.

Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera contenerlas.

Había sobrevivido.

Los dos habíamos sobrevivido.

Horas después entró en la habitación el hombre del helicóptero.

Esta vez vestía un traje sencillo.

Se presentó como Álvaro.

Se sentó frente a mí y permaneció unos segundos en silencio antes de hablar.

—Conocí a tu madre hace más de treinta años.

Fruncí el ceño.

—Ella me dijo que mi padre había muerto antes de que yo naciera.

Álvaro bajó la mirada.

—Eso fue lo que decidió contar para protegerte. Yo trabajaba en una unidad especial del Ejército y durante años viví destinado fuera de España. Perdimos el contacto. Cuando regresé, ya no quiso remover el pasado.

Sacó una fotografía antigua.

Era la misma que yo había visto escondida entre las cosas de mi madre.

—Hace unos meses supe que había fallecido. Entre sus documentos encontré una carta dirigida a mí. En ella explicaba quién eras y me pedía que, si algún día te encontraba, intentara ayudarte.

Todavía estaba intentando asimilar aquellas palabras cuando dos agentes de la Guardia Civil llamaron a la puerta.

Uno de ellos dejó una carpeta sobre la mesa.

—Señora Cárdenas, necesitamos tomarle declaración cuando los médicos lo autoricen.

—¿Han encontrado a mi marido?

El agente intercambió una mirada con su compañera.

—Todavía no. Pero sí hemos localizado indicios importantes.

Me explicó que el vehículo de Miguel había sido registrado por las cámaras de acceso al parque. Además, los investigadores habían descubierto que, apenas dos semanas antes, había aumentado la cobertura del seguro de vida y había realizado varias búsquedas relacionadas con accidentes en alta montaña.

No demostraba un asesinato por sí solo.

Pero sí justificaba abrir una investigación.

Respiré profundamente.

Por primera vez desde la caída sentí que la verdad empezaba a abrirse camino.

No buscaba venganza.

Quería justicia.

Miré a través del cristal hacia la unidad neonatal, donde una enfermera cuidaba de mi hijo.

Aquel pequeño había luchado incluso antes de nacer.

Yo haría exactamente lo mismo.

Porque Miguel y Alicia estaban convencidos de que habían enterrado su secreto bajo la nieve.

Lo que aún ignoraban era que la mujer a la que habían dado por muerta seguía viva.

Y ahora tenía algo mucho más fuerte que el miedo: una razón para demostrar exactamente lo que habían intentado hacer.