Fără categorie

Le dieron dos horas. Sin saber que en aquel bosque vivía un hombre que había sido declarado muerto y enterrado oficialmente veinte años atrás

El desconocido abrió la caja.

Oksana esperaba ver un arma.

En cambio, encontró una vieja radio, varias baterías, documentos plastificados y un teléfono por satélite.

El hombre tomó el teléfono.

—¿Cuántos?

—Tres.

—¿Armados?

—Sí.

Él asintió como si aquella respuesta confirmara algo.

—¿Por qué te persiguen?

Oksana intentó recuperar el aliento.

—Vi algo que no debía.

Le contó lo ocurrido en la gasolinera: el todoterreno, la bolsa llena de billetes y la conversación que había escuchado por casualidad.

Uno de los hombres había mencionado matrículas, pagos y un cargamento.

Después la habían seguido.

El hombre de cabello gris no hizo más preguntas.

Marcó un número en el teléfono por satélite.

—¿A quién llama?

—A alguien que todavía me debe un favor.

Fuera crujió una rama.

El desconocido levantó inmediatamente una mano.

Silencio.

Una luz atravesó durante un instante las rendijas de las contraventanas.

—Sabemos que está ahí —gritó alguien desde fuera—. Entréguenos a la mujer y nos marcharemos.

El hombre no respondió.

Oksana empezó a temblar.

—Nos van a matar.

—No.

—¿Cómo puede estar tan seguro?

Por primera vez, él la miró directamente.

—Porque ellos creen que esta es una casa aislada en el bosque.

Se acercó a una pared y retiró un pequeño panel de madera.

Detrás había varias pantallas antiguas.

En ellas aparecían imágenes en blanco y negro del perímetro.

Cámaras.

Oksana lo miró desconcertada.

—¿Quién es usted?

—Ahora no importa.

Entonces uno de los hombres del exterior volvió a gritar:

—¡Último aviso!

El desconocido pulsó un interruptor.

De repente se encendieron varios focos alrededor de la finca.

Los tres perseguidores quedaron perfectamente visibles.

Dos llevaban pistolas.

El tercero sujetaba una escopeta.

—Ahora importa todavía menos —murmuró el hombre.

Los intrusos retrocedieron.

No esperaban aquello.

Pero tampoco se marcharon.

Uno comenzó a rodear la casa.

El hombre señaló una pequeña trampilla.

—Baja.

—No pienso dejarlo solo.

—No te estoy pidiendo permiso.

Su tono hizo que Oksana obedeciera.

Debajo había una estancia estrecha con mantas, agua, medicamentos y otra pantalla conectada a las cámaras.

Desde allí vio cómo el desconocido salía al porche.

No llevaba ningún arma visible.

—¡Apártate! —ordenó uno de los hombres.

—Esta propiedad está vigilada —respondió él.

El perseguidor se rio.

—Aquí no hay nadie en veinte kilómetros.

—Eso era cierto hace unos minutos.

La sonrisa desapareció.

Entonces, a lo lejos, se escuchó algo.

Motores.

Los tres hombres se miraron.

Uno corrió hacia el bosque.

Otro lo siguió.

El tercero permaneció unos segundos apuntando hacia la casa antes de huir también.

Menos de quince minutos después aparecieron varios vehículos de la Guardia Civil.

Oksana fue trasladada inmediatamente a un hospital.

Tenía principio de hipotermia y heridas profundas en los pies, pero sobreviviría.

Los tres hombres fueron localizados durante la madrugada.

El todoterreno negro seguía cerca del falso control.

Dentro encontraron dinero, documentación y material que permitió abrir una investigación mucho mayor.

Pero Oksana solo pensaba en una cosa.

El hombre del bosque.

Dos días después preguntó por él.

El agente que estaba tomando su declaración frunció el ceño.

—¿Cómo dijo que se llamaba?

—No me lo dijo.

Describió la casa.

El agente dejó de escribir.

—¿Está segura de la ubicación?

—Completamente.

El hombre salió de la habitación.

Regresó acompañado por un superior.

—Necesitamos que nos describa otra vez al hombre.

Cuando Oksana terminó, ambos guardaron silencio.

Finalmente, el superior colocó una fotografía antigua sobre la mesa.

El hombre de la imagen era mucho más joven.

Pero aquellos ojos eran imposibles de confundir.

—Es él.

El agente respiró profundamente.

—Se llama Alejandro Vega.

Veinte años atrás había trabajado como investigador en una unidad dedicada al crimen organizado.

Durante una operación, alguien filtró su identidad.

Poco después, su coche apareció completamente calcinado en un barranco.

En su interior encontraron restos humanos y documentación personal.

Alejandro fue declarado muerto.

Hubo funeral.

Una tumba.

Incluso una placa con su nombre.

—Entonces ¿quién murió en aquel coche? —preguntó Oksana.

—Eso es precisamente lo que ahora tendremos que averiguar.

La reaparición de Alejandro obligó a revisar el antiguo expediente.

La verdad resultó menos espectacular de lo que muchos imaginaron, pero mucho más amarga.

Los restos habían sido identificados erróneamente con los métodos disponibles entonces. Alejandro había sobrevivido a una emboscada y, convencido de que había una filtración dentro de su propia unidad, desapareció antes de que pudieran terminar el trabajo.

Había vivido aislado durante años, utilizando otro nombre y manteniendo contacto únicamente con dos antiguos compañeros de absoluta confianza.

Cuando Oksana volvió a verlo semanas después, le hizo la pregunta que llevaba días persiguiéndola.

—¿Por qué me abrió la puerta?

Alejandro permaneció un momento en silencio.

—Porque hace veinte años yo también corrí por ese bosque mientras alguien me perseguía.

—Podía haber fingido que no me había oído.

—Sí.

—¿Entonces?

El hombre miró hacia los árboles.

—Pasé demasiados años sobreviviendo para convertirme en alguien capaz de cerrar una puerta cuando otra persona pide ayuda.

Meses después, Oksana regresó a aquella carretera.

El falso control había desaparecido.

Los hombres que la habían perseguido esperaban juicio y la investigación sobre el dinero había alcanzado a varias personas.

Alejandro, por su parte, tuvo que recuperar oficialmente una identidad que llevaba dos décadas figurando entre los muertos.

Antes de despedirse, Oksana sonrió.

—Ellos creían que me estaban dando dos horas de ventaja.

Alejandro negó lentamente con la cabeza.

—Ese fue su primer error.

—¿Y el segundo?

Miró hacia la casa escondida entre los árboles.

—Elegir precisamente este bosque.