MI HIJO DE SIETE AÑOS ME DIJO QUE EL “AMIGO DE MAMÁ” DORMÍA EN MI CAMA CUANDO YO VIAJABA.
Cancelé el vuelo.
Y no se lo dije a Elena.
A las cinco cargué la maleta en el coche.
Me despedí de los niños.
Elena me abrazó deprisa.
—Cuídate.
—Tú también.
Conduje hasta la avenida principal.
Di la vuelta.
Y aparqué dos calles más abajo, desde donde podía ver la entrada de casa.
Esperé.
Una hora.
Dos.
A las ocho y diecisiete apareció un coche negro.
Elena salió antes incluso de que el conductor llamara al timbre.
Como si lo estuviera esperando.
Llevaba un vestido rojo que siempre decía que ya no usaba porque era demasiado llamativo.
El hombre bajó del coche.
Alto.
Seguro de sí mismo.
Con una botella de vino en la mano.
Elena sonrió.
Una sonrisa que hacía años que no me dedicaba.
Él la besó en los labios.
En mi calle.
Frente a mi casa.
Debajo de la farola que yo había pagado.
Después entraron.
Mi móvil vibró.
Un mensaje de Elena.
“¿Ya has llegado al hotel, cariño?”
Levanté la vista hacia la ventana de nuestro dormitorio.
La luz se encendió.
Y vi dos sombras cerrando las cortinas…